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title: "Obras publicadas"
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published: "2026-02-25T16:02:10+01:00"
modified: "2026-09-09T11:25:08+02:00"
author: "gustavocaprin@gmail.com"
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# Obras Publicadas

                [!\[Sacarse el cuerpo\](https://hfherrera.com/wp-content/uploads/2026/04/SACARSE-FRONT.jpg)](https://hfherrera.com/wp-content/uploads/2026/04/SACARSE-FRONT.jpg)   [!\[Sacarse el cuerpo\](https://hfherrera.com/wp-content/uploads/2026/04/SACARSE-BACK.jpg)](https://hfherrera.com/wp-content/uploads/2026/04/SACARSE-BACK.jpg)

## Sacarse el cuerpo

Siete noches para Jaime Saenz

**Año**: 2024
**Editorial**: Caligrama

       Nota de Autor

En 2021, al cumplirse el centésimo natalicio del gran escritor boliviano Jaime Saenz, me tocó revisar, para ser publicado en una página web, el prólogo que había escrito para una antología suya que no alcanzó a publicarse. Mientras reelaboraba aquel breve trabajo sobre Saenz, se fue generando, de manera bastante natural, un texto paralelo en el que el primigenio era solo la base para que mi voz cundiera y terminara por acaparar la pieza.

Todo ese inestimable material ha ingresado a *Sacarse el cuerpo* reconvertido en versos –con los cortes que me dictaba la melodía–, a fin de que quedara mejor integrado en el corpus general.

El libro contiene una introducción y siete capítulos. Quizá no sea fácil adscribirlo a algún género literario, aunque durante su escritura me había propuesto categorías provisorias (ensayo-poético-biográfico; poema-ensayo; biografía-lírica), que me sirvieran de marco para este diálogo literario y existencial.

Así, se ha generado un texto de carácter experimental en el cruce de la poesía, el ensayo y la autoficción, en el que me he planteado cómo investir de fuerza poética el pensamiento. Intenté que la voz lírica y el discurso –sus ritmos particulares, su especial fluir– se entrelazaran y concurrieran en el poema, pero sin anularse, alcanzando, por el contrario, su máxima eficacia.

En cuanto al fondo, se trata de un contrapunto poético con los temas esenciales de la obra de Saenz: la vida y la muerte, los misterios, la ciudad de La Paz y el nevado del Illimani, la escritura, la ebriedad, los bares –las bodegas–, los cementerios, los hospitales, incluso la morgue. Y el aparapita, ese mozo de cuerdas paceño, gran personaje de Saenz, de quien el autor decía que su noble índole lo llevaba, cuando sentía que se acercaba la muerte, “a beber y bailar hasta sacarse el cuerpo”.

            [!\[Las apariciones\](https://hfherrera.com/wp-content/uploads/2026/04/apariciones-front.jpg)](https://hfherrera.com/wp-content/uploads/2026/04/apariciones-front.jpg)   [!\[Las apariciones\](https://hfherrera.com/wp-content/uploads/2026/04/apariciones-back.jpg)](https://hfherrera.com/wp-content/uploads/2026/04/apariciones-back.jpg)

## Las apariciones

**Año**: 2021
**Editorial**: Caligrama

       Nota de Autor

*Las apariciones* juega con distintos géneros: dietario, pequeños ensayos, narraciones. Hay un relato de carácter histórico, otra fantástico y el último realista. Todo ello unido por una forma literaria —una prosa en la que se intenta amalgamar el contenido intelectual con el poético—una música verbal y un motivo: el elemento aire que recorre todo el libro.

Tres muertos se le aparecen, de manera consecutiva, a un escritor y le dictan sus propias vidas. Al otro día, el involuntario amanuense apenas recuerda lo que pasó, pero corrobora que en su cuaderno están plasmadas esas historias salidas de su mano, pero no de su mente.

Se trata de Branimir Bregan, un calígrafo esloveno, activo a comienzos del siglo XX, personaje solitario, algo ajeno a sus circunstancias personales y sociales y poco capaz de gestionar su vocación por la caligrafía. Un acercamiento al carácter que debe tener un artista para sostener una obra.

Lucy Merck, una supuesta novia de Gregorio Samsa, el personaje de La metamorfosis de Kafka, que, a la muerte de su prometido, busca convertirse también en un insecto —«La conciencia humana debe emigrar a cuerpos más resistentes o a máquinas»— y dedica su vida a esa transformación.

Chichina Ayr, una maestra de escuela, nacida en 1921 y muerta a principios de este siglo, que hace de su sexualidad libre, desarrollada en un medio pacato y provinciano, su gran experiencia vital. Un intento de describir una vida del común, pero lograda gracias a la voluntad de ser genuina.

Entre una aparición y otra están las entradas en el dietario, que incluyen observaciones y referencias literarias —la amistad entre escritores, la soledad del poeta Basho— y microensayos sobre la belleza y el mal, el incesto, el sacrificio, el grito, un viaje de Kafka con su prometida a la ciudad rumana de Arad, las obras cinéticas de los «artistas del viento».

            [!\[el angel atrapado\](https://hfherrera.com/wp-content/uploads/2026/04/angel-front.jpg)](https://hfherrera.com/wp-content/uploads/2026/04/angel-front.jpg)   [!\[el angel atrapado\](https://hfherrera.com/wp-content/uploads/2026/04/angel-back.jpg)](https://hfherrera.com/wp-content/uploads/2026/04/angel-back.jpg)

## El ángel atrapado

**Año**: 2014
**Editorial**: Alción Editora, Córdoba, Argentina

       Nota de Autor

«El ángel Eliseo ha quedado atrapado en un cuadro religioso de un templo desacralizado, ahora salón laico, y desde allí espía a los parroquianos, cada uno con su historia a cuesta.

Un anecdotario en la voz narrativa de un ángel convertido en el sumo omnisciente.

Eliseo, espíritu cautivo, aislado de la divinidad y sin poder comunicarse con los seres humanos, solo puede entrar en contacto con otros ángeles atrapados, como él, en figuras religiosas.

Eliseo duda y no sabe si quiere ser un ángel o un hombre, o seguir en su situación actual, y esa imposibilidad de elegir es su verdadera prisión.

Alegoría de la conciencia restringida (…) del sujeto que ya no sabe cómo asumirse ni quién quiere ser, convertido en el ojo fijo de una cámara filmadora».

Así reza la contraportada de *El ángel atrapado*.

Cadena de sucedidos, situaciones y escenas; cada visitante, un eslabón; cada historia, sea drama, sea comedia, un engarce. Las conciencias ocurren en ese ámbito que, como los tiempos, se ha vaciado de dioses, pero no del Hombre.

Así como pasa un pañuelo de seda por el anillo, aspiré a que una porción de mundo pasara por el libro.

            [!\[Dora colecciona hechos\](https://hfherrera.com/wp-content/uploads/2026/04/Dora-front.jpg)](https://hfherrera.com/wp-content/uploads/2026/04/Dora-front.jpg)   [!\[Dora colecciona hechos\](https://hfherrera.com/wp-content/uploads/2026/04/Dora-back.jpg)](https://hfherrera.com/wp-content/uploads/2026/04/Dora-back.jpg)

## Dora colecciona hechos

**Año**: 2009
**Editorial**: Nuevo Hacer (Grupo Editor Latinoamericano). Buenmos Aires, Argentina

       Nota de Autor

Dice la contraportada del libro:

«Dora —como otros personajes de H. F. Herrera: el estilita, el apocado— es una militante del “no serviré”, el grito, la consigna de insurrección de los ángeles caídos. Pero no se trata de una rebelión social, política, contra las sujeciones externas (…); sino de una rebelión contra su propio destino de pintora y escritora. Antes que obedecer a su naturaleza, ella prefiere alzar su mano contra sí misma; no reniega del arte, sino de su vocación. El llamado, la inclinación, las cualidades y aptitudes no forman parte de la libertad del hombre, sino de la necesidad, el determinismo de su naturaleza, la predestinación de sus genes.

Sin embargo, al desafiar —mediante un acto de voluntad tan puro como arbitrario— lo que de fatal había en su vida, Dora, más que abrirse a la libertad, y de manera paradojal, se restringe (…) ¿Se puede abdicar así y seguir viviendo?

En las distintas partes de la novela, un amigo y un pariente dictan a un escriba episodios de la vida de Dora; la novia del hijo muerto recuerda las sesiones en que posó para unos retratos de Dora; un hombre, que fue el amor de juventud de Dora, monologa sobre cómo un día decidió huir de sus circunstancias. Y este es el punto en el que ese hombre fugitivo se encuentra con la mujer que renunció a todo, intersección a partir de la cual el diario de Dora cuenta cómo inician juntos el viaje, un deambular que a él le sienta bien, encuentra su centro, pero no a ella, que es puesta en ese trance frente al espejo y Dora ya no soporta verse. Así es como Dora pasa de la situación de renuncia a la “errancia”, y finalmente y sintiéndose asfixiada, a un rechazo del errar. ¿Una inmolación en la selva andina?

En el marco de una contemplación de las vidas que se restringen y de la creación artística, Herrera conduce a sus personajes a la negación radical o a la encerrona existencial, y de esa forma nos ofrece una catarsis, el ejercicio curativo de negar la vida para hacerla más apetecible, para verla con ojos más carnales, intentar capturarla con artilugios más certeros. Esa vida que parece ejercer presión desde el subsuelo de la novela, que se cuela por los intersticios y respira por sus poros, que ansía acompañar la música verbal de una prosa exacta y transparente».

Preferí olvidar a *Dora colecciona hechos*.

Leyéndolo ahora, observo no solo su carácter fragmentario y polifónico, sino que hay aforismos (en el capítulo “La modelo. Diálogos improbables”) y varios relatos breves. Y esto me interesa por lo que siguió después, ese entrecruzamiento de distintas categorías literarias, que no se funden creando un género híbrido, sino que forman la trama y la urdimbre, el tejido del libro.

Y me detengo en una evidencia personal, un descubrimiento a posteriori, no soy poeta puro, tampoco cuentista, novelista o ensayista puro, soy un escritor que se pone ante la página en blanco y deja que la conciencia suceda, sin importar qué forma tomará. Eso hace que el argumento del libro se me esté escapando siempre, y que apenas pueda retenerlo, como a un perro nervioso, por la delgada correa del tema subyacente.

            [!\[El apocado\](https://hfherrera.com/wp-content/uploads/2026/04/apocado-front.jpg)](https://hfherrera.com/wp-content/uploads/2026/04/apocado-front.jpg)   [!\[El apocado\](https://hfherrera.com/wp-content/uploads/2026/04/apocado-back.jpg)](https://hfherrera.com/wp-content/uploads/2026/04/apocado-back.jpg)

## El apocado

**Año**: 2006
**Editorial**: Nuevo Hacer (Grupo Editor Latinoamericano), Buenos Aires, Argentina

       Nota de Autor

«En la escena constante de una Córdoba (Argentina) tan tradicional como progresista, con aires del pasado barroco, un narrador de voz melancólica, por momentos intimista, por momentos distante, siempre acuciados por los recuerdos de la infancia y la adolescencia, medita, de manera obsesiva y recurrente, en la personalidad agónica de su primo Felipe, que acaba de morir, y para cuyo entierro volvió a su ciudad natal.

Entre algunas viñetas urbanas, entre retratos y esbozos de ciertos personajes secundarios —gente de la familia, proceres o artistas locales—, la figura de Felipe crece en el contrapunto entre su mente divagante, zarandeada por miles de imágenes caóticas, la malla de una inhibición que no lo deja actuar. Hombre huraño, cohibido, aislado, al sentirse inferior quiso castigarse haciéndose más pequeño para extremar, en señal de protesta, en rebeldía, su condena existencial. Así decidió contraerse, apagar su voluntad de vida, resignar las posibilidades del ser, eludir cualquier acción, desaparecer en la multitud, pasar anónimo, desapercibido, suprimir toda peripecia existencial. El apocado injuria a la vida, se atreve a darle la espalda, a dimitir en un mundo donde todos acaparan, acopian, se hinchan hasta reventar, y en esa oposición demuestra su temperamento trágico. Antihéroe radical; el gran renegador; el gran blasfemo. El vaciador de su propio yo. Pero extinguir el ser, avatar extremo del espíritu, ¿no lo convierte acaso en sujeto, el sujeto más religioso?».

Hasta aquí el texto de la contracubierta.

El narrador da testimonio de la vida de su primo Felipe, muerto flamante, pero en cierta medida lo convierte en su alter ego, sin dejar de ser el otro, frente al cual el narrador se mira y se mide. ¿Por qué este recurso?, me pregunto, después de tantos años de *El apocado*. Quizá porque este libro es muy personal, en él está mi restricción existencial, timidez, autoexclusión social, y no pude escribir sobre esto, que hiere, sin desdoblarme; necesité ponerme frente a mí mismo para contarme, y esto se convirtió en forma literaria. Creo, además, que este juego de espejos tiene su justificación en mis indagaciones sobre el motivo del doble.

También observo la presencia fuerte de mi ciudad natal, Córdoba (de Argentina), y esa relación de amor-odio que me une a ella, y que en este libro se traduce en una crítica, casi una vituperación, sin dejar de ser un homenaje.

En definitiva, se trata de una obra que da cuenta, del principio al fin, de modo obsesivo, del trastorno de inhibición.

            [!\[Esparcir\](https://hfherrera.com/wp-content/uploads/2026/04/esparcir-front.jpg)](https://hfherrera.com/wp-content/uploads/2026/04/esparcir-front.jpg)   [!\[Esparcir\](https://hfherrera.com/wp-content/uploads/2026/04/esparcir-back.jpg)](https://hfherrera.com/wp-content/uploads/2026/04/esparcir-back.jpg)

## Esparcir

**Año**: 2004
**Editorial**: Vinciguerra, Buenos Aires, Argentina

       Nota de Autor

Colección de seis poemas largos, en prosa y en verso: Dobles; Sombras; Reflejos; Máscaras; Los otros; Al voleo.

Un caminante, sensible a la naturaleza, algo atiborrado de palabras y de imágenes, ejercita un contrapunto entre el yo y el mundo; entre el yo y la multiplicidad de yoes que lo constituyen.

En su paseo, bucólico y dramático a la vez, medita sobre la identidad; la *impermanencia* del sujeto; el yo y su proyección en las sombras, los reflejos acuáticos y los espejos.

Y sobre el yo frente a los otros. No somos uno, somos una multitud de yoes, las máscaras no son artificios, sino nuestra verdadera esencia; y son los otros, al limitarnos, quienes nos constituyen como ser individual.

Discurre también sobre la muerte, el tiempo, el dolor personal como experiencia intransferible; y sobre las imágenes y las palabras —«tanto sonido como mudos pensamientos»—.

El paseante nos deja la pregunta de si existe el acto, parodia de lo eterno, que redima el mundo.

Finalmente, las palabras del escriba se esparcen al viento sabiendo que quizá no germinen en la tierra yerma.

El libro pendula entre el hermetismo de las imágenes y las ideas explícitas. Y vuelve a aparecer la tendencia descriptiva y aforística de los libros que le preceden y que van dando forma a lo que después descubrí que era el modo de concebir mi hacer: Partir de la hoja en blanco como lugar donde sucede la conciencia en su presente absoluto. Y el entrecruzar los géneros literario, no para fundirlos en uno nuevo, sino manteniendo cada uno su forma, a la manera de la trama y la urdimbre de un tejido.

            [!\[Oficio de horas\](https://hfherrera.com/wp-content/uploads/2026/04/Oficio-horas-front.jpg)](https://hfherrera.com/wp-content/uploads/2026/04/Oficio-horas-front.jpg)   [!\[Oficio de horas\](https://hfherrera.com/wp-content/uploads/2026/04/Oficio-horas-back.jpg)](https://hfherrera.com/wp-content/uploads/2026/04/Oficio-horas-back.jpg)

## Oficio de horas

**Año**: 2003
**Editorial**: Alción Editora, Córdoba, Argentina

       Nota de Autor

Horacio, mi nombre, comparte el apelativo de la gens latina *Horatius* y deriva de «hora» o «tiempo». Quizá esté relacionado con el culto a Hora, la diosa romana de la juventud y las estaciones del año.

Mi destino etimológico me llevó a concebir este libro, que dividí en dos partes: *Dies* y *Nox*, y a cada una de ellas en doce capítulos, correspondientes a cada hora del día.

Los capítulos comienzan con una cita del erudito umbro Cesare Ripa, en la que describe la representación iconográfica de cada hora, tomada de su Iconología, verdadero repertorio de alegorías, de 1593, y ampliada en 1603.

La obra se vertebra en dos personajes: El estilita, hombre solitario que vive en el ático de un rascacielos, un cubo de cristal desde el cual, provisto de largavistas y telescopios, observa, con talante de voyeur, las escenas de la megalópolis. Versión moderna, en su aislamiento vertical, de los antiguos estilitas, esos monjes que, en los primeros tiempos del cristianismo, se subían a una columna, *stylos*, para vivir apartados del mundo y meditar.

El otro personaje es Vladimiro, un hombre emigrado de Rusia, un pintor tradicional de los iconos típicos de la religión ortodoxa.

El estilita observa la ciudad y discurre sobre ella y sus habitantes; Vladimiro, observa el arte de los iconos y reflexiona sobre su hacer. El estilita se aísla, Vladimiro se retira para construir su obra.

Un tercer personaje es la muerte, personificada por distintas mujeres que vienen a visitar, y acaso a llevar, al narrador omnisciente.

Hay descripciones, reflexiones, preguntas, poemas narrativos y poemas descriptivos de plantas y animales. Y están los nocturnos, composiciones sobre la muerte.

La vejez, la soledad, el arte, el tiempo, la muerte, las grandes ciudades y sus escenas son los temas.

En lo formal, un entrecruzamiento de distintos lenguajes: El poético, el de la descripción, el narrativo, y cierta tendencia a la aserción aforística.

*Oficio de Hora*s me marcó el camino en la búsqueda de un arte del contrapunto entre pensamiento y lirismo.

            [!\[Escribas y meretrices\](https://hfherrera.com/wp-content/uploads/2026/04/escribas-front.jpg)](https://hfherrera.com/wp-content/uploads/2026/04/escribas-front.jpg)   [!\[Escribas y meretrices\](https://hfherrera.com/wp-content/uploads/2026/04/escribas-back.jpg)](https://hfherrera.com/wp-content/uploads/2026/04/escribas-back.jpg)

## Escribas y meretrices

**Año**: 2001
**Editorial**: Alción Editora, Córdoba, Argentina

       Nota de Autor

Libro de carácter experimental, ejercicio literario que entrelaza distintos discursos: El histórico: las meretrices sagradas y las hospitalarias; el coloquial: escenas de la prostitución moderna, las *escorts* y las callejeras; y el de la descripción anatómica. Todo lenguaje puede aspirar a ser poético, no por mera voluntad estética, sino porque si se lo tensiona y sujeta a un ritmo, tiende a su origen: el canto, la invocación.

Se observa también una mezcla de géneros; narración, aforismos, lírica. La fusión de pensamiento y poesía empieza a ser mi norte. La tendencia aforística subsistirá en los libros posteriores.

*Escribas y Meretrices* es una aproximación a una forma literaria en la que transitar con eficacia entre cierta lucidez y la ingenuidad fundante de las preguntas, sin cinismo, sin parodias; un espacio-conciencia. No la conciencia psicológica. La conciencia como ámbito donde pensamiento, percepción, ética, memoria, lenguaje y tiempo, se encuentren y discutan.

Releo este libro, después de más de veinte años sin tocarlo, y me asombro de mi atrevimiento, hay una compasión por las prostitutas, pero no una condena de la prostitución y esto ahora es de una gran incorrección.

No obstante, me permito reivindicar este libro, y no solo para mí en cuanto necesario para mi evolución literaria. Quien vende su cuerpo se prostituye menos que quien vende la conciencia, el pensar y sentir, su tiempo, su oficio o vocación. El que desnaturaliza su misión o su función. El que lucra con su sexo practica una asistencia que, equivocada o no, fue sagrada y purificadora en su origen.

            [!\[Notaciones\](https://hfherrera.com/wp-content/uploads/2026/04/notaciones-front.jpg)](https://hfherrera.com/wp-content/uploads/2026/04/notaciones-front.jpg)   [!\[Notaciones\](https://hfherrera.com/wp-content/uploads/2026/04/notaciones-back.jpg)](https://hfherrera.com/wp-content/uploads/2026/04/notaciones-back.jpg)

## Notaciones

**Año**: 1999
**Editorial**: Alción Editora, Córdoba, Argentina

       Nota de Autor

*Notaciones* contiene tres libros de poemas: *Glosa*, *Imago* y *Día tras día*.

I. *Glosa*, conjunto de poemas salidos de cuadros. Primer intento de una ordenación temática, de un trabajo poético en un marco elegido a priori. La libertad del poema frente a la constricción del tema. Una poética de la mirada que «impone su ritmo al pensar»; de la observación: «Ajustar el enfoque del microscopio. Que el poema exprese como la lente». Y una elegía de la palabra: «¿Por qué amar esos sonidos que se marchan con el viento?».

La voluntad, desde el inicio de mi escritura, de articular imágenes sensoriales con pensamiento abstracto. En este caso, el poema como glosa o parodia de los cuadros.

II. *Imago*. Once láminas, once poemas que describen, como fichas de divulgación botánica, distintas clases de mariposas. Primer intento de fusionar el lenguaje poético con el lenguaje descriptivo de la ciencia. Y el inicio de un juego que anticipa un futuro distópico: Conciencia humana en cuerpos no humanos, en este caso, mariposas.

III. *Día tras día*. Diario poético que transcurre entre el 29 de diciembre de 1998 y el 21 de febrero de 1999. La voluntad estética de que el poema sea campo de observación de los hechos cotidianos. Y el experimento de incorporar al poema comentarios literarios concretos, que las referencias —las perífrasis— devengan versos.

            [!\[fragmentos del exilio\](https://hfherrera.com/wp-content/uploads/2026/04/fragmentos-front.jpg)](https://hfherrera.com/wp-content/uploads/2026/04/fragmentos-front.jpg)   [!\[fragmentos del exilio\](https://hfherrera.com/wp-content/uploads/2026/04/fragmentos-back.jpg)](https://hfherrera.com/wp-content/uploads/2026/04/fragmentos-back.jpg)

## Fragmentos del exilio

**Año**: 1997
**Editorial**: Nueva Generación

       Nota de Autor

Libro de varios exilios. El existencial: El hombre arrasado por la realidad, el aislado, el ajeno absoluto, eterno peregrino, fugitivo de sí mismo.

Exilio psíquico: Desestimar la conciencia, campo de batalla, condena, fuente de escándalo, del sentimiento de muerte, propiciadora de todos los males.

Exilio religioso: No puede haber anclaje en lo sobrenatural, mera creación del pensamiento. La nada y el ser, accidentes de una misma cosa.

El exilio de la inmigración: El extranjero, flor de palma trasplantada, que se desangra en el centro de París.

El exilio político: El salto a la libertad, gran paso de danza, del eximio bailarín Rudolf Nuréyev.

El exilio de la masificación: El hombre anónimo, homogéneo, y su vida uniforme, sin grandes esperanzas, partícula mínima en un país superpoblado o en una megalópolis.

El exilio de la naturaleza: Desterrarse a lo ignoto: mares y ríos de las antípodas; o asilarse en lo cercano: arroyos, piedras, cerros, animales y plantas.

El exilio del tiempo. Aferrarse a la fugacidad, a la magia del instante. «¿Existe el instante sagrado?» El instante se abre a los misterios, se libera y nos libera del tiempo.

El exilio literario: Apartarse del tiempo y de la geografía, tomar distancia, y enunciar, escribir.

El exilio del mestizaje: La Malinche atraviesa la historia de América Latina. La mujer americana, entre indios y europeos, encuentro y separación, traición y mestizaje. El mestizo, exiliado de sus dos orígenes.

En este libro se entrelazan imágenes mentales con imágenes de la naturaleza, elementos intelectuales y sensoriales. Se va perfilando una búsqueda tanto de una poética del conocimiento, como de una poética de la naturaleza.

Hay una visión de la naturaleza como mito —«El río baja preñado como una rana sagrada»— y como amenaza, destrucción y muerte.

El libro es un arco que va de lo foráneo a lo local, de las lejanías de Asia al paisaje de las sierras de Córdoba de la Nueva Andalucía.

En Fragmentos, belleza y extinción son indisolubles.

            [!\[Conjeturas\](https://hfherrera.com/wp-content/uploads/2026/04/conjeturas.jpg)](https://hfherrera.com/wp-content/uploads/2026/04/conjeturas.jpg)

## Conjeturas

**Año**: 1981
**Edición del autor**

       Nota de Autor

A poco de terminar el secundario, en casa de mis amigos Sebastián y Martín, conocí a sus padres, el escritor Emilio Sosa López y la profesora de filosofía Sara Cameron; en los debates de sobremesa, despuntó mi vocación.

Empecé a leer a los poetas y a sentir, poco a poco, el murmullo de la escritura. Primeros garabatos. Reuní unos poemas y los llevé a la imprenta de los padres salesianos de mi ciudad (Córdoba de la Nueva Andalucía). Sin saber nada del mundo del libro me convertí en editor. El impresor consultó las pruebas con un sacerdote de la Orden, profesor de castellano.

*Conjeturas* —título pretencioso y de resonancias borgeanas— estaba influido por la visión tradicionalista que me habían inculcado de niño y que yo, aunque con altibajos, mantenía. A poco de sacarlo, deseché este libro por su nivel y porque no reflejaba, salvo la de la muerte, preocupaciones genuinas.

Del incordio de leer un libro que durante décadas apenas había mencionado, y de confirmar defectos técnicos y formales: Errores de puntuación, sintaxis artificiosa, originalidad incierta…, a la impresión por las ideas que subyacen en los poemas.

Un énfasis apocalíptico que no recordaba haber cursado: Decadencia cultural; destrucción de ciudades y templos; eclipse de lo sagrado; el loco, profeta del ocaso. En un mundo descreído, la duda personal y el aparente triunfo de la fe. Añoranzas de la edad de oro y de la edad de plata.

Hay una facultad inconsciente que marca el tono de lo que uno escribe, y ese geniecillo, por encima de mi ingenuidad de aquel entonces, jugaba con la ironía. Autor dual: Cástor, el inocente; Pólux, el irónico.

Estaba en boga ser ateo y comunista y yo, con actitud sincera, iba en sentido contrario. El agnóstico y progresista en que después me convertí se avergonzaba de la tendencia implícita en *Conjeturas*.

No rescato este libro, pero tampoco quiero silenciarlo. Se trata de mi primer impulso de escritura. Muestra desde dónde partía y cuánto tuve que superarme. Me desconcierta que fuera a contracorriente de la época. Mística, mérito, fe, desacralización, decadencia y extinción, siguen siendo cuestiones literarias de primer orden. Por lo demás, mi escritura posterior—ya lejos de todo dogma, confesión religiosa y atisbos spenglerianos— no ha abandonado estos temas que, por cierto, ahora están sobre el tapete.

Quiero pensar que en *Conjeturas* había un poeta en ciernes, y que, aunque le quedara mucho por subir, ya estaba en el faldeo del Helicón.
